Hace un tiempo alguien me dijo "si escribes deberías tener un blog" y yo lo ingnoré. En ese entonces yo era una pequeña escritora y escribía solo para mi. Ahora eso a cambiado, quise entrar a un concurso de escritura creativa y fui rechazada. Ahora soy una escritora que intentó darse a conocer y fue rechazada que teme no poder escribir.
El mayor problema de tener un blog es que no sabría que poner en el. Aún no lo sé. Pero me dijeron que lo cree, que escriba solo cosas que quiera escribir. Entonces, lo intentaré. Como no espero que nadie lea este blog, será como si siguiera escribiendo para mí.
Así presento, a mi público inexistente, mi fracaso: el cuento corto por el que fui rechazada del dicho concurso:
Mi pequeño mundo da vueltas
El mundo da vueltas.
Mi mundo da vueltas. Puedo sentirlo, soy la única persona que lo siente. Es mi
mundo, mío y de nadie más, y está dando vueltas. Estoy segura de ello porque me
mareo y no me marearía si no estuviera dando vueltas. Todo da vueltas aunque
todo sea blanco.
No sé cómo llegué
aquí, tampoco sé cuánto tiempo ha pasado. Un día desperté y estaba en este
lugar. Sé que la razón por la que estoy aquí es por algo que hice, pero no sé
qué exactamente. Solo sé que todas las noches sueño lo mismo, un carro que sale
de la oscuridad a toda velocidad, un carro rojo o negro, ¿o ambos?, con música de
alguna banda de rock de los ochenta a todo volumen, no puedo reconocer la
canción pero siempre es la misma. En realidad, no estoy segura de que sea un
sueño, solo sé que es así, el carro rompe la pared blanca y entra a mi cuarto,
parece que me atropellará pero solo pasa enfrente mío, a veces pasa incluso a
través de mi cuerpo. Me sorprende porque en mi mundo solo hay paz.
Pasan los días, pero
solo puedo reconocerlos porque me canso y duermo. Todos los días son iguales,
todas las noches son iguales, todos los momentos son iguales, pero mi mundo
gira. Sé que gira, no estoy loca. Mi mundo es blanco, es vacío, es infinito,
pero gira. Siempre gira, siempre lo ha hecho. Escucho música, y siento el
viento en mi cara cuando el carro pasa junto a mí, veo los colores, escucho las
voces. Pero mi mundo es blanco y vacío.
A veces dudo de que
exista algo más que el blanco, un mundo más allá de las paredes. Las conozco
desde hace mucho tiempo ya, me daría miedo salir a ese mundo, no quiero
hacerlo. Pero tiene que existir algo más, porque lo recuerdo, un mundo más
allá. Pero no lo sé. Normalmente me pregunto si existen otras personas, otros
lugares, otros colores, otros sentimientos. Pero mi mundo es blanco y tranquilo
y no hay nada más que paz.
Me gusta mi mundo, me
agrada, pero tengo que admitir que siento curiosidad. Quiero romper las paredes
y huir. Quiero ver si realmente existe algo más, quiero investigar, quiero
conocer. Tal vez haya otras personas más allá de las paredes, tal vez haya algo
más que el blanco, tal haya algo más que esta habitación fría. Tal vez no.
Tengo que admitir que
tengo miedo. Tengo miedo de averiguarlo. No sabría qué hacer si realmente estoy
sola, que hacer si no hay nada más. Luchar por romper las paredes y salir pero
no hay nada que ver, no hay más colores, no hay más sentimientos, no hay más
personas y no hay más lugares. Siempre existe la posibilidad de que todo el
mundo sea así, que esto sea todo lo que existe, que no hay nada más y este es
el inicio y el fin.
Pero luego recuerdo
ese carro, el carro rojo y negro, la música, el viento, la realidad. Si
realmente fuera un sueño, si realmente fuera un recuerdo, significaría que
existe algo más, que hay un mundo lleno de colores y personas y sensaciones.
Entonces tendría que diseñar un manera de salir, una forma de huir del blanco,
una forma de huir de mi mundo.
Una vez más mi mundo
da vueltas, muchas vueltas sin parar. Mi pequeño mundo blanco da vueltas. Yo no
doy vueltas con él, por eso me mareo. Estoy muy mareada, muy cansada. En otro
momento pensaré como huir, hasta entonces dormiré.
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